El fallecimiento de Mario Álvaro Cartagena, El Guaymas, nos muestra que urgen medidas reales y concretas para la búsqueda de verdad y justicia, tales como la apertura de los archivos del Ejército y el fortalecimiento de las investigaciones con la participación efectiva de las víctimas.

El pasado 13 de julio falleció inesperadamente Mario Álvaro Cartagena López, sobreviviente de desaparición forzada y tortura, y testigo fundamental de las violaciones a derechos humanos cometidas en la llamada “Guerra Sucia”.

Publicado originalmente el día 15 de julio de 2021, en “La lucha cotidiana de los derechos humanos”.

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Es necesario hacer un breve recuento de quién fue “El Guaymas”, como fue conocido desde su juventud, y de su aporte a la búsqueda incansable de la verdad.

“El mejor tributo a nuestros hijos y hermanos es seguir luchando por una nueva sociedad”. Así firmó Mario Álvaro Cartagena López una carta desde el Reclusorio Norte de la Ciudad de México el 9 de diciembre de 1980. La misiva estaba dirigida a sus compañeros militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S), así como al Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos y, especialmente, a Rosario Piedra Ibarra.

En la carta, “El Guaymas” narró que el 5 de abril de 1978 fue detenido tras recibir siete disparos de elementos de la extinta Dirección General de Policía y Tránsito del Distrito Federal. A pesar de su grave estado de salud, fue trasladado al Campo Militar No. 1, donde a la postre perdería la pierna por falta de atención médica en el sótano del Hospital Militar.

Durante la época -hay que recordar en estos tiempos de empoderamiento castrense-, cientos de personas fueron llevadas detenidas a instalaciones militares, aunque a la fecha el Ejército mexicano no ha reconocido su responsabilidad en los hechos ni ha abierto los archivos relativos a su participación en la “Guerra Sucia”.

De acuerdo con “El Guaymas”, a su llegada al Campo Militar No. 1 José Salomón Tanús le preguntó su nombre y aquél respondió con un alias. Molesto, Tanús ordenó: “Tráiganla”. Tanús se refería a Alicia de los Ríos Merino, detenida y desaparecida desde el 5 de enero de 1978, tres meses antes. “Sólo pudimos cruzar miradas. Después de esto, los mismos agentes se la llevaron y no volví a verla”, narraba Mario Álvaro en un testimonio fundamental para establecer, más allá de toda duda, que personas retenidas ilegalmente en instalaciones militares fueron después desaparecidas en México.

Tras el encuentro con Alicia, “El Guaymas” permaneció detenido-desaparecido en el Campo Militar No. 1 hasta el 1 de junio de 1978. Durante esos dos meses de interrogatorios y tortura sólo vio a sus padres una vez. Le dijo entonces a su madre: “diga que me vio vivo. Donde pueda, difunda que me vio en todas partes”. Gracias a su madre y a otras que con ella denunciaron, al activismo en favor de la liberación de presos políticos y a organizaciones internacionales de derechos humanos, “El Guaymas” fue trasladado al Reclusorio Norte, prisión civil de la que fue excarcelado hasta 1982 por virtud de una amnistía. En estos hechos -en la presentación con vida de Mario y su traslado a una cárcel formal por la lucha de las madres y la presión de activistas internacionalesse encuentra el germen del movimiento civil de derechos humanos en México.

Desde entonces, “El Guaymas” siempre dio testimonio valiente de haber visto a Alicia de los Ríos con vida en manos del Ejército, a pesar de los riesgos evidentes que esto le implicaba. Lo hizo en su momento públicamente estando aún preso en el Reclusorio Norte; desde su activismo en el Comité ¡Eureka!, a partir del cual colaboró para la presentación de una comunicación, quizás de las primeras, dirigida al entonces recién constituido Grupo de Trabajo Sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU, y de manera oficial en su declaración rendida en 2002 ante la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), acompañando incansablemente en su caminar por justicia a Alicia de los Ríos Merino hija, en la averiguación previa iniciada por la desaparición de su madre.

Pese a los hechos que sobrevivió y denunció públicamente, la Fiscalía General de la República le reconoció la calidad de víctima apenas en el año 2019 y, de manera escandalosa, solamente por el delito de abuso de autoridad. La incorrecta clasificación del caso puso en riesgo constante la continuidad de la investigación al no reconocer que se investigaban delitos imprescriptibles, como la tortura o la desaparición forzada. Jamás le fueron practicados peritajes médico-psicológicos conforme al Protocolo de Estambul para documentar la tortura y nunca hubo detenido alguno por su caso.

La impunidad y nulos avances en términos de justicia y reparación en el caso de “El Guaymas” son una muestra del lamentable anquilosamiento en el que se encuentran también las investigaciones heredadas de la FEMOSPP. Éstas, como la de Alicia de los Ríos Merino, hoy están radicadas en la Coordinación General de Investigaciones de la Fiscalía General de la República.

El 10 de junio, después de que se hiciera nuevamente público el informe de la FEMOSPP que reconoce las violaciones sistemáticas y generalizadas a derechos humanos durante la llamada “Guerra Sucia”, El Guaymas se reunió con el presidente de la República. Fiel a su lucha digna por la justicia para sus compañeros y compañeras, volvió a dar testimonio vivo de las atrocidades cometidas durante esas décadas.

El fallecimiento de Mario Álvaro Cartagena nos muestra que urgen medidas reales y concretas para la búsqueda de verdad y justicia, tales como la apertura de los archivos del Ejército y el fortalecimiento de las investigaciones con la participación efectiva de las víctimas.

Desde el Centro Prodh abrazamos a sus familiares y amigos. El legado de “El Guaymas” es de dignidad y búsqueda de justicia; su testimonio, valiente y solidario, pervivirá. En su memoria, seguiremos exigiendo verdad y justicia.