BAJO LA LUPA | Ayotzinapa: sólo pregunto, por Maciek Wisniewski

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Cinco años de la masacre en Iguala y el crimen sigue impune y sin esclarecer. Por un lado, lo único que sabemos es que… no se sabe que pasó, hasta ahora la única “verdadera ‘verdad histórica’” en el caso. Por otro, sabemos lo suficiente para tener las legítimas dudas y preguntas tanto acerca de lo ocurrido y sus versiones oficiales, como de sus trasfondos, implicaciones e interpretaciones.

Pedro Miguel en su tiempo en más de una ocasión demolió por ejemplo totalmente la versión oficial de los hechos con el puro peso de los signos interrogatorios (bit.ly/2ow1uYLbit.ly/2owbaT5). En otras ocasiones, otros intentaban hacer lo mismo cuestionando por ejemplo los aparentes y repentinos cambios en las estrategias necrofílicas de los cárteles y las (sin)razones de las enormes molestias que supone cremar y desaparecer sin rastro alguno los 43 cuerpos (o 17 según otra versión) (bit.ly/2mhiO3b) –siempre de acuerdo con la versión oficial? o las lógicas sin lógica que acompañaban a este aparente cambio (bit.ly/2LKNGCV).

Comparto y suscribo grosso modo todas aquellas dudas. Pero también tengo otras. De distinta naturaleza.

¿Se llenará algún día la “‘brecha temporal’ dejada al abierto por la dialéctica Iguala/Ayotzinapa” (G. Ciccariello-Maher dixit) donde el primer nombre simboliza el abyecto hecho de la desaparición y el segundo toda la historia de resistencia y esperanza (bit.ly/2oxPshz) que se niega a ser borrada y trata de llenar el vacío?

¿Adónde se los llevaron? ¿Quién fue y qué les hicieron?¿Dónde están?