BAJO LA LUPA | El sistema dice ¡rana! y…, por Julio Hernández

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Dicha Rana ha saltado ahora, en tiempos marcados por el uso agresivo y pernicioso de la información oficial, con el grupo peñista arrinconado en términos electorales y, además, condenado ampliamente en instancias internacionales de defensa de derechos humanos, no sólo por las desapariciones de los estudiantes normalistas. El asomo de la rana saltarina (por la cual se ofrecía una recompensa de un millón y medio de pesos) se produce 10 días después de que la Procuraduría General de la República había dicho en Bogotá, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que en las últimas semanas había obtenido información importante sobre el móvil de las desapariciones y, según la versión difundida por el entonces procurador federal, Jesús Murillo Karam, el asesinato e incineración de los jóvenes y la dispersión de sus cenizas en un río.

En concordancia con esa narrativa preparatoria, ahora se ha informado de la detención del mencionado Sandoval Rodríguez, alias La Rana. Esto sucede a pocos días de que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Derechos Humanos dé un informe sobre los avances en el caso Ayotzinapa. La aprehensión también coincide con el estreno del documental Ayotzinapa, el paso de la tortuga, coproducido por el cineasta Guillermo del Toro (reciente ganador en los premios Óscar) y Tv UNAM, en colaboración con el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) y la productora Bertha Navarro. El documental, dirigido por Enrique García Meza, se presentará en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara y posteriormente será transmitido por Tv UNAM.

Nada alienta la esperanza de que el testimonio de La Rana, el presunto miembro de bandas del crimen organizado, vaya a ser veraz y confiable. Hasta ahora el patrón de conducta de la PGR, es decir, del gobierno federal mexicano, ha sido el de la manipulación, la adulteración y el acomodo de piezas para tratar de eximir a altos mandos políticos, militares y policiacos de lo sucedido en aquella región de Guerrero. Un primer apunte, dado por la PGR en la capital de Colombia, habló de que el móvil detectado podría confirmarque todo se dio en un marco de confabulación criminal entre una banda delictiva dominante y corporaciones municipales. De ahí, para abajo. O dicho de otra manera: hacia arriba, nada.

*Lea el artículo completo en La Jornada