
La intervención de Astudillo Flores sería decisiva para que la Fiscalía del estado se desista de los cargos de secuestro que injustificadamente se le atribuyen, y para frenar otras tres órdenes de aprehensión por cargos similares que la dependencia tiene listas contra ella.
El juez Arroyo Alcántara estableció que, para todo efecto práctico y legal, la Policía Comunitaria de Olinalá pertenece al sistema de seguridad pública de Guerrero y las acciones de Nestora Salgado fueron “actos de autoridad”, no actos delictuosos.
Pese a la claridad y contundencia del criterio del juez federal que exoneró a Nestora Salgado y exhibió el montaje del gobierno, la Fiscalía del estado –primero a cargo de Iñaky Blanco Cabrera y luego de Miguel Ángel Godínez Muñoz– ha seguido adelante en sus acusaciones con la complacencia del Tribunal Superior de Justicia.
Al cabo de dos años y medio de encarcelamiento, el caso de Nestora Salgado ha ido y regresado de la infamia política a la aberración jurídica. Su caso sintetiza el uso prepotente del poder. Prepotencia a la que, con sensibilidad, el gobernador Héctor Astudillo puede poner fin y, de paso, diferenciarse así de sus antecesores. (El Sur)