Destacados del Sididh, Información Sididh, La edición de hoy, slider — septiembre 21, 2012 at 9:35 am

La realidad de los migrantes centroamericanos en México

La realidad de los migrantes centroamericanos en México no se ha atenuado, sigue siendo difícil, peligrosa y mortal. Lo sucedido en San Fernando, Tamaulipas en agosto de 2010 se sigue reproduciendo, son comunes los secuestros, asesinatos de migrantes y descubrimientos de narcofosas. Cuando los migrantes centroamericanos recorren las calles de nuestro país lo hacen con miedo a las autoridades y a los delincuentes por ellos cobijados, pero también lo hacen con esperanza de encontrar solidaridad; esta opción quedó clausurada en Lechería, estado de México cuando los vecinos cerraron el albergue que ahí funcionaba y ahora tienen que recorrer 25 kilómetros más para llegar a Huehuetoca donde hay dos albergues.

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Migrantes en su paso por México/Foto/CNN

Las casas de migrantes o albergues son un lugar seguro de descanso con comida caliente, esto pareciera poco para la magnitud de la violencia, sin embargo para los migrantes es muy significativo por las circunstancias que viven todos los días.

El 9 de marzo de 2005 fue detenida de forma irregular en su casa, en El Ahorcado, Querétaro, la señora Concepción Moreno Arteaga. Su delito: alimentar a seis personas migrantes que se acercaron a ella para solicitar comida. En su parte informativo, los agentes asentaron que la habían encontrado en flagrante comisión de delito, ya que estaba alimentando a un grupo de extranjeros. Concepción actualmente, continúa ayudando a quienes se acercan a su casa: “Gracias a Dios yo no tengo miedo y voy a seguir apoyándolos con lo poco que a mí me da, porque yo tampoco tengo. Soy muy pobre, pero de lo poco que tengo se los voy a dar. Ropa y comida y que sigan su camino”.

El 22 de marzo de 2010, organizaciones civiles mexicanas denunciaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el secuestro sistemático y generalizado a las personas migrantes. Ante la cifra de casi 10 mil personas secuestradas durante su paso por México el presidente de la CIDH, Felipe González, relator para trabajadores migrantes y sus familias, indicó lo escalofriante de la cifra y llamó al Estado mexicano a redoblar esfuerzos para prevenir esta situación.

Rodrigo Gil, comisionado para México expresó que esta situación masiva y generalizada ha adquirido las características de una verdadera tragedia humanitaria: una situación que afecta gravemente a las víctimas, a sus familiares, a sus comunidades, a los lugares donde éste se realiza. Pidió al Estado que aplique una política integral para brindar acciones de prevención y atención.

En ese momento las organizaciones mostraron su preocupación por la persistencia de toda clase de abusos sexuales, tortura física y psicológica, asesinatos, extorsión, corrupción, privación ilegal de la libertad,  explotación con fines laborales, sexuales, prácticas análogas a la esclavitud, tráfico de órganos e impunidad. Por lo tanto, pusieron en evidencia el incumplimiento del Estado mexicano respecto de los instrumentos americanos de Derechos Humanos al consentir la comisión del secuestro, así como al no garantizar la protección y la defensa de los derechos humanos de las víctimas.

Esta situación ha presentado variaciones, pero básicamente se mantiene inalterada la violencia contra las personas migrantes. Esto a pesar de que hemos tenido recientemente una reforma en materia de derechos humanos que incorpora plenamente al marco constitucional la protección de derechos  reconocidos en los instrumentos internacionales de los que México forma parte.

En la misma audiencia se indicó que las y los defensores de los derechos humanos de las personas migrantes continuaban siendo criminalizados y puestos en condiciones de extremo riesgo al no garantizárseles mecanismos de seguridad que permitan desarrollar labores de defensa y representación legal. Situaciones como la de Concepción Moreno permitieron a quienes se dedican a estas actividades encontrar aliento y en los más diversos lugares las personas sin miedo continúan realizando una importante labor humanitaria. Pero estas defensoras y defensores continúan siendo víctimas de amenazas, hostigamiento o agresiones. El contexto de violencia persistente ha hecho difícil esta labor, agravada por las deficiencias de nuestras instituciones relacionadas con los procesos migratorios y de las instituciones de procuración y administración de justicia que han sido rebasadas por la magnitud del problema.

Los migrantes nos permiten comprendernos a nosotros mismos, constituyen un espejo que refleja nuestras actitudes y comportamientos más arraigados. Es desgarrador que nos reflejen el lado más cruel de nuestra sociedad y de nuestro gobierno (expresado en la violencia, las omisiones y la complicidad), pero al mismo tiempo nos permiten reconocer que a pesar de todo, algunas personas en nuestro país no han renunciado a ser humanas y se hacen próximas a quienes sólo buscan un mejor futuro.