
“La Voz que Rompe el Silencio” se escuchó por primera vez en la sierra de Oaxaca en enero de 2008, a través de las voces de las jóvenes periodistas triquis Felícitas Martínez Sánchez y María Teresa Bautista Merino, en el marco del primer aniversario de San Juan Copala como municipio autónomo.
Tres meses después, el 7 de abril, Tere y Feli fueron emboscadas y asesinadas mientras regresaban de cubrir una fiesta patronal en el municipio de Llano de Juárez y compartir con la comunidad su experiencia en la radio.
El asesinato de dos mujeres jóvenes periodistas pertenecientes a un pueblo originario es significativo en diversas dimensiones. Además de la indignación, condena, y exigencia de justicia y no repetición que merece todo atentado mortal en contra de periodistas, el caso de Felícitas y Teresa intersecta tantos componentes diferenciados que, hasta la fecha, sigue siendo un vergonzoso reflejo de un sistema que entraña discriminación, edadismo, racismo, misoginia y exclusión.
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