Once personas aficionadas al fútbol están desaparecidas y no estarán presentes en las butacas del Mundial. A dónde van los desaparecidos documentó las historias de un director técnico de equipos infantiles y juveniles en Guadalajara, un adolescente que soñaba con llegar a las grandes ligas, una fanática del Cruz Azul que aprendió a jugar en cascaritas con su padre y sus tíos, dos jóvenes que cambiaron el sueño pambolero por estudiar en la Normal Rural de Ayotzinapa. Sus familias los buscan mientras sostienen que desde su ausencia, sienten menos pasión por el juego que alguna vez compartieron con ellos.

El reportaje habla de cómo el fútbol atravesó la vida de cada una de estas personas antes de su desaparición. Francisco Alberto Acosta Calzada, el Gato Loco, dirigía equipos juveniles en su colonia de Guadalajara y fue visto por última vez reparando una antena dañada por un huracán. Adán Abraján de la Cruz y José Ángel Campos Cantor formaban parte de los Lochos, equipo campeón de Tixtla, antes de ingresar a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y ser desaparecidos junto a otros normalistas en septiembre de 2014. Karen Estefanía Domínguez Fragoso jugaba con el equipo Dos Ríos antes de dedicarse al boxeo. José Luis Guzmán Rodríguez planeaba casarse con una aficionada del Atlas, su rival deportivo, dos meses antes de su desaparición.

Para las familias, el Mundial es un recordatorio de lo que sus seres queridos no podrán presenciar, y una oportunidad para que el alcance mediático del torneo visibilice también la crisis de desapariciones que atraviesa al país.

Lee el reportaje en A dónde van los desaparecidos.