El 20 de junio se cumplieron cuatro años del asesinato de los jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, así como de los laicos Pedro Palma y Paul Berrelleza en el templo de Cerocahui, en la Sierra Tarahumara. Para Jesuitas México, es una tragedia necesaria de recordar que además advierte sobre las condiciones que siguen haciendo posible la violencia en el país.
La muerte del presunto responsable de los asesinatos dejó sin respuesta preguntas fundamentales sobre lo ocurrido en 2022, y evidenció además una desigualdad estructural en el acceso a la justicia, pues la búsqueda de las víctimas movilizó capacidades institucionales extraordinarias que la mayoría de las familias de personas desaparecidas nunca reciben. Cuatro años después, con más de 130,000 personas desaparecidas, Jesuitas México sostiene que hay muchos otros Cerocahui en el país. Cambian los territorios, pero permanecen las condiciones que los hacen posibles, entre ellas la exclusión histórica de pueblos indígenas, disputa criminal por territorios, el desplazamiento forzado y la fragilidad institucional.
Hacer memoria de Cerocahui implica asumir una responsabilidad colectiva, porque la paz no llegará solo desde las estructuras gubernamentales, implicará fortalecer comunidades, garantizar derechos y reconstruir la confianza institucional desde los territorios.
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