La sociedad civil mexicana es heterogénea y plural. En los últimos meses, abundan ejemplos de su valiosa labor: ambientalistas que documentan con determinación el derrame petrolero en el Golfo de México; organizaciones de derechos humanos que hacen eco de los fundados señalamientos internacionales sobre la crisis de desapariciones que no cede; centros que identifican nuevos riesgos para la libertad de expresión.

Estos esfuerzos son relevantes. Sin espacios para la participación cívica, no puede haber consolidación democrática. Los índices sobre democracia y estado de derecho más aceptados globalmente confirman que en los países donde la sociedad civil participa en la vida pública, los problemas sociales encuentran mejores soluciones.

Daniel Innerarity lo ha señalado con claridad: “el gobierno de sociedades complejas es limitado y requiere el protagonismo o la colaboración de los gobernados, que no pueden ser entendidos como destinatarios pasivos de la intervención gubernamental”.

Con esta convicción, en la Universidad Iberoamericana recibimos por segundo año consecutivo el “Encuentro de Colaboración Ciudadana” 2026, convocado por el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI).

Lee el artículo completo de Luis Arriaga en El Universal.