
Durante la semana del 19 al 22 de abril de 2026, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, visitó México. Esta no es la primera visita de este tipo – ni la única controvertida-, sin embargo, llegó en el marco de la discusión sobre la crisis de desaparición y violencia en el país, lo que desencadenó debates sobre el papel actual de los organismos internacionales para abordar las problemáticas de los Estados, el reconocimiento de avances en ciertos derechos, así como la importancia de poner al centro la voz de las víctimas y de evaluar políticas públicas basadas en principios de derechos humanos y en sus impactos.
La visita fue conocida inicialmente por algunos trascendidos y columnas de opinión, que desde un inicio alertaron que fuera utilizada por el gobierno para confrontar la reciente decisión del Comité contra las Desapariciones Forzadas (Comité CED) de remitir la urgente situación de México a la Asamblea General de la ONU. Sólo unos días más tarde la Oficina de Naciones Unidas dio a conocer detalles de la visita, destacando una reunión con la Presidenta de la República.
La agenda, amplia y diversa como en otras visitas similares, incluyó de última hora una reunión con un grupo de colectivos de familiares de personas desaparecidas, lo que sumado a la usual limitación del espacio y tiempo, generó descontento en algunas familias, reflejando en una escena concreta, la urgencia de escucha que tienen las víctimas en el país, a pesar de los múltiples discursos de supuestos espacios de diálogo por parte del Estado.
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