Cuando Oscar Antonio López, hondureño, desapareció en Jalisco en 2010 no hubo búsqueda inmediata. No existía el Protocolo Homologado de Búsqueda (PBH), publicado en 2018 y que define la búsqueda inmediata como las primeras acciones que se deben realizar para encontrar a alguien “con quien se ha perdido la comunicación”, sin importar que exista o no un delito. Existían las cancillerías y consulados, tanto en México como en Honduras. Sin embargo, no hicieron nada. Nada les justifica porque Oscar no era el primer hondureño desaparecido en México. Ahora, gracias a nuestra lucha, existen leyes y protocolos, pero sigue pasando lo mismo, siguen sin buscarles, sin investigar, sin encontrarles.
Según el PHB, la búsqueda inmediata puede aplicarse a cualquier persona que no tenga más de un año de desaparecida y supone una coordinación eficiente entre familiares y todas las autoridades involucradas en la búsqueda. Cuando la persona desaparecida es un migrante del extranjero, la búsqueda inmediata se detona, coordina y ejecuta aún menos que en los casos de desaparición de personas nacionales.
Un primer obstáculo es que esa “pérdida de comunicación”, señalada como clave para iniciar una búsqueda inmediata según la definición del PHB, es pensada como algo común para las personas migrantes. Debido al difícil camino que deben recorrer, las y los migrantes que transitan sin documentos se ven obligadas a pasar largos períodos de tiempo sin que se comuniquen. Sin embargo, las personas con quienes mantienen comunicación constante durante su tránsito conocen el ritmo y el sentido de sus llamadas y mensajes, por eso logran identificar cuando algo ha cambiado.
Lee el artículo completo de Ana Enamorado y Sandra Gerardo Pérez en adondevanlosdesaparecidos.
