
En México, la muerte la respiramos, la vivimos, la festejamos, la lloramos, pero pareciera que intentamos tener un pacto secreto con ella para que no esté cerca de nosotros ni de nuestros seres queridos. Celebrando todavía el Día de Muertos, nos llegó la noticia del fallecimiento de nuestra querida compañera Blanca Martínez Bustos. Dos mensajes perdidos en Signal, uno a las 3 de la tarde, otro a las 3 de la mañana, sin decir nada, solo mi nombre: “Ana Lorena”. “Ana Lorena”. No decía nada, pero lo decía todo. Silencio, vacío, ausencia, dolor.
Blanca, nuestra Blanca, había fallecido la madrugada del 10 de noviembre de 2025. A las 6 de la mañana de ese día me enteré, hice llamadas desesperadas a otros compañeros y amigos esperando escuchar que era un error. No lo fue.
No me equivoco al decir que Blanca fue una de las defensoras de derechos humanos más importantes en México en los últimos años, un ser humano en toda su amplitud, con el corazón en la mano para ofrecerlo donde hiciera falta, con sus claros y oscuros, sus terquedades, sus amores y sus desamores. Con la gente a quien quería y a quienes no tanto. Con sus pasiones y sus palabras bien puestas donde debían estar.
Lee el artículo completo de Ana Lorena Delgadillo Pérez en Adondevanlosdesaparecidos.
