Este 2025 es el 80 aniversario de la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas, documento fundacional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como una apuesta entre los Estados por la paz, la seguridad y la cooperación tras la Segunda Guerra Mundial. En sus ocho décadas de existencia, la ONU, que actualmente congrega a 193 Estados miembros, ha logrado acuerdos y avances globales sumamente relevantes en torno al medio ambiente, la salud, la educación y el desarrollo.

Durante estos años, la ONU no ha estado exenta de cuestionamientos por sus limitaciones como un actor capaz de mediar y concretar soluciones frente a múltiples retos políticos.

Más recientemente, respecto de su aproximación para prevenir y atender la migración forzada en distintas regiones del mundo, el cambio climático y el fortalecimiento de liderazgos y regímenes antidemocráticos, así como sus limitaciones para intervenir en incursiones militares auspiciadas o llevadas a cabo por los países que tiene veto en el Consejo de Seguridad –más recientemente en Ucrania y Gaza–, sin que el sistema multilateral pueda garantizar el cumplimiento del régimen de derecho internacional que lo creó.

A eso se le suma las serias críticas en torno a su estructura, burocracia y la actual crisis de liquidez, generada por la falta de pago de cuotas de varios Estados miembros.

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