Florencia Feliciano llegó a la CDMX en noviembre de 2022, como muchas mujeres indígenas del país, con David en brazos —su bebé de ocho meses— y el anhelo de darle un sustento. Tras ser expulsada de la casa donde trabajaba, quedó en situación de calle buscando regresar a su comunidad en Guerrero.

Una brigada de la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social (SIBISO) les ingresó al Centro de Asistencia e Integración Social (CAIS) “Coruña”. En marzo de 2023, el personal del CAIS presentó un reporte ante la Procuraduría de Protección de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del DIF CDMX, que culminó en una denuncia en la Fiscalía local. El reporte señalaba que Florencia “descuidaba” a su hijo, sin considerar sus costumbres comunitarias y vulnerabilidad económica.

La Fiscalía de la CDMX abrió una carpeta de investigación en su contra por violencia familiar y David fue separado de su madre, trasladado a diversas estancias con el objetivo de ser incorporado a otra familia. La carpeta muestra la dimensión de la discriminación estructural que persiste en las instituciones y los estereotipos impuestos a las mujeres indígenas.

Lee el artículo completo de María Luisa Aguilar, directora del Centro Prodh, en El Universal.