En el marco del 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, es crucial reconocer la importancia de abordar este fenómeno con infancias y adolescentes desde una perspectiva sensible y adecuada a su desarrollo. Este diálogo permite visibilizar una realidad silenciada, sembrando empatía, memoria y compromiso en las nuevas generaciones.

En México, miles de menores sufren directamente las consecuencias de la desaparición de sus familiares, con más de 160 mil niños y niñas posiblemente viviendo sin uno o ambos padres debido a este delito, y más de 17 mil menores reportados como desaparecidos entre 2007 y 2025, según cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. El Estado de México, concentra 1 de cada 5 casos (3,889), le sigue Tamaulipas (1,534) y Ciudad de México (1,434). Por desgracia, estas tres entidades agrupan 2 de cada 5 desapariciones de menores en el país. La omisión estatal y la falta de datos claros agravan esta situación, mientras que muchas infancias quedan en el desamparo o bajo el cuidado familiar.

Abrir espacios para que niñas, niños y adolescentes expresen sus dudas y emociones no solo protege su bienestar emocional y derecho a la información, sino que también ayuda a romper el miedo y el estigma alrededor del tema.

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