Diego Fernando Bonilla es una persona indígena originaria de El Pericón, una comunidad ubicada en la Sierra Norte de Veracruz. Su idioma materno es el ñuhú, y no domina plenamente el español. En mayo de 2023, Diego fue testigo del asesinato de su amigo Adán. Un día después, fue trasladado por la Fiscalía General del Estado de Veracruz (FGEV) para rendir testimonio. Antes de que pudiera declarar, fue torturado por elementos de la Policía Ministerial que intentaban forzarlo a incriminar a alguien, aunque él había dicho que no reconoció a la persona agresora.

Cuando pudo declarar, lo hizo ante un fiscal itinerante en compañía de una intérprete. Diego narró la tortura en su idioma, pero ambos agentes redactaron una versión en español totalmente distorsionada. Le pidieron que primero firmara el documento en blanco sin explicarle nada. Esa declaración fue utilizada para justificar la prisión preventiva de Silverio Reyes, una persona hñähñu que Diego nunca nombró.

El pasado julio, tras casi dos años privado de la libertad en el centro penitenciario de Huayacocotla, Silverio fue liberado, luego de demostrarse que las pruebas en su contra fueron obtenidas bajo coerción. Sin duda, esta es una resolución positiva, resultado del acompañamiento del Centro Prodh, La Voz Campesina de Huayacocotla, y otras organizaciones de la sociedad civil, que han sido clave para revertir una injusticia profunda.

Lee el artículo completo de Diana Sandoval Perevochtchikova, del Programa de Interculturalidad y Asuntos Indígenas de la Universidad Iberoamericana, en el siguiente enlace.