Luis Arriaga, rector de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México y Tijuana, advierte que el Mundial no puede convertirse en una excusa para invisibilizar las demandas legítimas de quienes habitan las ciudades sede. El futbol genera comunidad y pertenencia, pero la historia reciente de los mega eventos deportivos muestra un patrón que lo contradice. Desalojos, desplazamientos, encarecimiento de la vivienda y obras de infraestructura diseñadas para los organizadores, no para la población local.

Frente a esto, se recupera el concepto de derecho a la ciudad, formulado por Henri Lefebvre, para argumentar que ningún proyecto urbano puede justificarse si implica la vulneración de derechos o la exclusión de comunidades, por espectacular que parezca. En México, donde amplios sectores enfrentan problemas de vivienda, movilidad e inseguridad, el torneo debería ser una oportunidad para preguntarse qué tipo de ciudades se quieren construir, no para posponer esa pregunta.

Celebrar el futbol y defender el derecho a la ciudad no son objetivos incompatibles. El verdadero legado de un Mundial no se mide en turistas ni en ganancias de unas semanas, sino en la calidad de vida que deja a quienes permanecen cuando los reflectores se apagan.

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