El mensaje final emitido por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, al término de su visita a México, no estuvo a la altura de la crisis de desapariciones de personas que vive el país.

La visita ocurrió en un contexto muy particular. Unas semanas antes, el Comité de la ONU contra las Desapariciones Forzadas (Comité CED) publicó su muy relevante decisión de elevar la situación de México ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en aplicación del artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.

La determinación de activar por primera vez este artículo por considerar que las desapariciones son sistemáticas o generalizadas visibilizó la magnitud de la crisis que vive el país y despertó, también, una respuesta defensiva de parte de las autoridades mexicanas.

En esta coyuntura, tanto los colectivos de víctimas como la comunidad de derechos humanos esperaban que los mensajes públicos del Alto Comisionado hicieran eco de las consideraciones del Comité CED, al menos en lo relativo a apuntar que México enfrenta una crisis de desapariciones de la mayor gravedad.

Esta expectativa parecía cuesta arriba dado el actual panorama: si bien la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas ha sido fundamental desde su llegada al país en 2003, lo cierto es que no pasa por su mejor época.

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