
Diego Fernando Bonilla, indígena otomí, fue torturado por tres policías ministeriales en un cuarto cerrado de la fiscalía de Huayacocotla, Veracruz. Lo envolvieron en una cobija para inmovilizarlo. Luego, uno de ellos se trepó con su rodilla sobre el pecho de Diego, mientras otro le sujetaba la cabeza y el tercero le metía agua mineral por la nariz (La Jornada, 23 de abril de 2025). Lo habían sacado de su comunidad, El Pericón (Micuá), en la parte baja del municipio de Texcatepec, en Veracruz, de donde nunca había salido.
Diego fue llevado de El Pericón a Huayacocotla como testigo del asesinato de su amigo Adán Reyes, otomí de la misma comunidad. Pero en lugar de tomar su testimonio lo torturaron como en tiempos de la Santa Inquisición para que incriminara al hermano de Adán, Silverio Reyes. Diego apenas si entendía en español lo que le decían los policías.
Lee el texto de Alfredo Zepeda, SJ en La Jornada.
