El ataque a una familia, donde fallecieron las niñas Leidy y Alexa, llegó a medios de Sinaloa el 6 de mayo, envuelto en una cantidad colosal de medias verdades, que dibujaban una historia distinta de la ocurrida.

Facciones del Cartel de Sinaloa llevaban meses en guerra, batalla que en las últimas semanas había expandido sus fronteras. Si al principio el escenario principal había sido la capital, Culiacán, y sus sindicaturas, en mayo la pelea había llegado a la sierra, a pueblos como Mocorito o Badiraguato. Así, la versión del enfrentamiento era más que creíble y la muerte de dos niñas, un lamentable daño colateral.

Pero la familia no se quedó callada.

En una entrevista que concedió a EL PAÍS un par de días más tarde, Reynalda Morales, la prima de Rojas, el conductor, denunciaba que no había habido enfrentamiento alguno, que los soldados habían empezado a disparar sobre la camioneta en que iban el hombre, su esposa y los cuatro niños, versión que confirmarían los sobrevivientes en sucesivas declaraciones, ante la Fiscalía General de la República (FGR) y la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Lee el reportaje de Pablo Ferri en El País.