El reciente escándalo de huachicol fiscal que ha sacudido al país en las últimas semanas no es sólo un caso de corrupción de magnitud histórica. Se trata de una red compleja de complicidades que, según las revelaciones, atraviesa instituciones, empresas y actores políticos, involucrando directamente a altos mandos de la Secretaría de Marina (Semar), funcionarios de aduanas y empresarios.

Este fenómeno, que implica una sofisticada ingeniería financiera para evadir impuestos en la importación de hidrocarburos, pone en evidencia, como ya se ha discutido ampliamente, los peligros latentes de la profundización del protagonismo castrense en funciones públicas ajenas a la misión de las Fuerzas Armadas, y la urgente necesidad de establecer contrapesos y controles civiles robustos.

Desde una perspectiva de derechos humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ofreció  un análisis de cómo estás prácticas de corrupción, en esencia, constituyen un abuso o desviación del poder encomendado, dañando la institucionalidad democrática, el Estado de Derecho y, fundamentalmente, el goce y ejercicio de los derechos humanos en su integralidad —civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales—.

Lee el artículo completo en Animal Político.