A pesar de que el discurso oficial apunte a que la tortura se ha erradicado en México, casos recientes, como el de Diego Bonilla y Silverio Reyes en Veracruz, son una evidencia clara de que esta práctica persiste.
En mayo de 2023, Diego Bonilla, hombre otomí, fue testigo de un homicidio en El Pericón, Veracruz. Al día siguiente fue llevado a la Fiscalía de Huayacocotla, donde fue víctima de tortura por parte de policías ministeriales que lo obligaron a firmar una declaración falsa en contra de Silverio Reyes, otro miembro de la comunidad.
Con el apoyo del Comité de Derechos Humanos de la Sierra Norte de Veracruz, de Radio Huayacocotla “La Voz Campesina” y del Centro Prodh, Diego Bonilla denunció la tortura. Aunque la Fiscalía abrió una carpeta de investigación, ésta fue cerrada en mayo de 2025 sin agotar pruebas clave.
Las pruebas obtenidas bajo tortura provocaron que Silverio Reyes permaneciera injustamente privado de su libertad durante más de dos años. El pasado 9 de julio, Silverio Reyes fue liberado, gracias a la resistencia de su comunidad, de su familia y de Diego Bonilla.
Además de celebrar la libertad de Silverio Reyes, el Centro Prodh reconoce la decisión de Diego de continuar exigiendo que la tortura no quede en la impunidad. “Quiero una justicia, quiero una justicia blanca (…) Las personas que me están apoyando, me están ayudando porque ellos también buscan justicia”, expresó en una entrevista en su lengua ñühü.
La resolución judicial a favor de Silverio Reyes contribuirá a fortalecer la denuncia por tortura de Diego Bonilla. Pues, el juez requirió a la Fiscalía del Estado de Veracruz investigar y sancionar a los responsables de la tortura y señaló la violación a los derechos de los pueblos y comunidades indígenas involucradas, al no adaptar una perspectiva intercultural.
Sobre esto escribimos en Animal Político.
