Hace unos años, después de visitar una exposición que entre otras cosas mostraba zapatos de las víctimas de la Shoah, Manuel Vicent escribió en El País un texto que tituló “Los zapatos de la muerte caminan solos”. El escritor, reflexionando cómo esos objetos se vuelven testigos de verdades que debemos recordar, decía ahí: “esos zapatos siguen caminando por sí solos sin el muerto a lo largo de la historia”.
Guardando las proporciones debidas, y de ninguna manera comparando sucesos, cabe tomar prestadas de ese texto las palabras que hoy nos faltan para aludir a las imágenes de cientos de pares de zapatos y otros objetos recuperados por las madres buscadoras del colectivo “Guerreros Buscadores de Jalisco” en el “Rancho Izaguirre”, de Teuchitlán, Jalisco.
Incluso para una sociedad adormecida por la normalización de la violencia, la difusión de esta realidad de terror ha significado una sacudida, en buena medida por la fuerza evocativa de las imágenes de los zapatos encontrados en el lugar. Así lo acreditan las jornadas de luto, duelo y protesta el fin de semana en varias ciudades del país.
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