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Entrevista / Vivimos la peor crisis de los últimos 60 años
Miércoles,
11
Enero
2017

Autor // comunicacion

Revista Zócalo logo

AUTOR: Carlos Padilla Ríos
FUENTE: Zócalo
FECHA: 11 de enero de 2017


¿Cuál es el momento que está viviendo México en términos sociales?
-Estamos viviendo los momentos más difíciles que me han tocado en cerca de 60 años. Para empezar, vivimos una enorme desigualdad económica; un deterioro en el salario real de las personas. Aunque algunos hayan salido de la pobreza extrema, el número de pobres aumentó.

Vemos falta de movilidad social relacionada con el deterioro del salario, es decir, quien nace pobre tiene el 98 por ciento de probabilidades de morir pobre y quien nace rico prácticamente no tiene probabilidad alguna de convertirse en clase media o pobre. En lo político tenemos una crisis del sistema de partidos que ya no representara a sus agremiados ni a sus electores y tenemos un descrédito de los tres poderes públicos. Me parece que hay una crisis severa de derechos humanos que tiene que ver con la violencia, la lucha contra el narcotráfico.

Entonces hablaría de una crisis general de la democracia. En lo cultural surgió un sector intolerante que se manifiesta en contra de los derechos de terceros y la resistencia a la migración exterior de centroamericanos, haitianos o africanos.

Un retroceso en valores que creíamos asumidos por el país.

-¿Hay salida a esta crisis?

-Pienso que sí. Recientemente estuve en Roma, en el encuentro del Papa Francisco con los movimientos populares.

Allí el Papa decía, entre otras cosas que me parecieron brillantes y bien dichas, que la salida estaba en acompañar a los movimientos populares y en ser solidarios con ellos, que los portadores de la esperanza eran los pueblos organizados. Frente al sistema depredador y terrorista, el Papa decía que las salidas se construyen entorno a los pueblos y sus reivindicaciones. Me parece que por ahí van las salidas. El actual sistema de partidos tiene que reformarse, pero desde las reivindicaciones de los pobres, del ciudadano medio. Reconstruir democracia e instituciones que verdaderamente representen a la ciudadanía. Igualmente, la economía del país no podrá superar las crisis si no se replantea desde el interés de las personas y no del capital.

-¿Qué está fallando?

-No hay una perspectiva crítica del sistema. Los partidos están proponiendo salud, educación, empleo, pero como herramientas para cooptar clientelas no para cuestionar el sistema. Deberían saber que en el sistema económico neoliberal, con una integración global asimétrica, no se pueden generar los empleos de calidad, de trabajo decente, como dice Naciones Unidas. No se puede preservar el medio ambiente, porque es un modelo depredador. No se pueden garantizar los derechos de los pueblos originarios, porque es un modelo que atenta contra su historia.

En vez de que las ofertas de educación y trabajo sean oportunidad de crítica del modelo, se usan para reforzarlo. Me parece que ahí reside la inoperancia actual de los partidos. Hoy, las derechas y las izquierdas, lo que quieran decir éstas categorías, se disputan cómo administrar mejor la hegemonía del capital sobre el trabajo, sobre las poblaciones, pero no lo cuestionan, entonces perdieron toda credibilidad ante los pueblos.
-Hay quienes dicen que las utopías ya se terminaron, ¿Usted lo cree?

-Creo que la utopía es lo que hace caminar a la gente, es el deseo de una vida mejor, de mejores relaciones sociales.

Puede no estar claro en su formulación, pero el idealismo, el deseo de bienestar y de fraternidad se mantienen en el corazón de las personas. Me parece que a Freire le preguntaban si la utopía era inalcanzable y si no tenía sentido porque no se podía alcanzar y él decía que la utopía es como el horizonte: sirve para caminar, no para ser alcanzado.

Conforme se avanza se retrasa, para eso es. Por ejemplo, se puede discutir si algunos de los derechos humanos son una utopía o no, pero son los mínimos a los que tenemos derecho las personas.

-¿Se puede construir algo mejor que el neoliberalismo y el capitalismo?

-Sí. Muchos teóricos lo abordan. El cambio lo van a traer los movimientos sociales de base, pero los partidos políticos tienen la tarea de abrirles espacio para que hagan las transformaciones. La lucha por la democracia formal es necesaria, aunque sólo en la medida que abra los espacios para el desarrollo de la organización popular y su incidencia en la transformación de la realidad. La democracia es la participación organizada de la gente en las decisiones que le incumben, y eso puede ser de muchas maneras, no sólo mediante la representación. Esta tiene que estar al servicio de esa lucha popular y de esa participación social de las mayorías y de las minorías.

-Fidel Castro construyo una utopía y fue jesuita, ¿qué puede decir de la utopía que él construyó?

-Tuvo indudables logros en asuntos básicos como alimentación, salud y educación. Con esto afectó intereses de aquellos que concentran el poder y la riqueza, que salieron del país y lo odian profundamente, pero los beneficiados fueron más que los perjudicados.


Construyó un proyecto nacional criticable desde el punto de vista de participación democrática o de los derechos de las minorías sexuales, en un momento dado, pero contribuyó y quiso contribuir a una mejor sociedad en el tramo que le tocó y que resistió. Fue heroico en su resistencia.

Respecto de ser exalumno de los jesuítas, como en todas las familias, tenemos de todo. Son exalumnos de la Universidad Iberoamericana Vicente Fox y Javier Duarte, pero también lo fue el subcomandante Marcos. Nosotros formamos a las personas para que se comprometan con su realidad desde la honestidad y desde la idea de servir a los demás, y unos pueden agarrar un buen camino y otros no. Como en todas las familias.

-Los Jesuítas también fomentaron movimientos guerrilleros en Jalisco.

-Estuvieron cercanos algunos jóvenes que se incorporaron a movimientos de guerrillas en los setenta.
-A dos anos y medio de su rectorado ¿cómo se encuentra la Universidad Iberoamericana?

-La Universidad Iberoamérica Ciudad de México es económicamente muy sana. La recibí con mucha salud, probablemente la composición social de sus alumnos es distinta a la de otras universidades iberoamericanas y del ITESO. Aquí nuestros estudiantes están situados en el decil más alto de ingresos por múltiples factores, pero es una comunidad sana, abierta. A dos años y medio avanzamos en hacer una universidad más plural socialmente, con programas de apoyo a sectores populares que vienen a estudiar.
Nos propusimos incorporar a dos mil estudiantes de sectores populares con becas de 100 por ciento en cuatro años.

Eso significa un cambio cualitativo en el modo como nos relacionamos dentro de la universidad. En enero abriremos el nuevo edificio de preparatoria en Lerma, Estado de México.

-La Universidad Iberoamericana recibió una concesión de radio.

-Somos la primera institución que recibe una concesión de carácter social para radiodifusión y esto es reconocido por el propio Instituto Federal de Telecomunicaciones. Vamos a tener una doble panilla de programación que transmitirá en 90.9.1 y 90.9.2.

Ampliaremos los espacios de radio experimental, para que nuestros estudiantes puedan crear e innovar sin la presión de rentabilidad. Será una radio más universitaria, creativa y participativa.

-¿Existe una crisis dentro de las universidades como sistema educativo?

-La universidad, como todo lo que ocurre con el neoliberalismo, se subordina a los intereses del capital. La función estructural que adopta sin malicia es capacitar a aquellas personas que requiere el mundo del trabajo; pero la universidad no es sólo eso, también es reflexión, crítica sobre la realidad, es propuesta de política pública. Eso quedó subordinado.

La crisis actual de la universidad es una crisis de sentido: ¿Para qué existe la universidad? Una revisión radical de qué estamos haciendo tendría que llevamos a rectificar el camino emprendido en los últimos 30 años, para rescatar a la universidad como una voz crítica, propositiva, vehículo para el ascenso social; la superación de la pobreza; creación de libertades democráticas; fortalecimiento en la cuestión social. Todas esas tareas que van más allá de capacitar a personas para el mundo del trabajo, son las que hemos dejado de lado y que hay que rescatar.

-¿Cómo se siente como rector?

-Me siento contento con la relación que hemos estableado con la comunidad universitaria. Nos hemos entendido bien, ha sido generosa y sensible, lo que se agradece. Por otro lado, no es mi lugar, me siento demasiado observado, constreñido para decir lo que tengo que decir y no (puedo decir) lo que quiero decir para ser uno mismo, pero las responsabilidades traen obligaciones y uno juega el rol del puesto y no de la persona.