Artesano y maestro

Por Luisa Cantú

Mauricio Ortega Valerio se fue de Monte Alegre, el lugar donde nació, porque no quería cuidar chivos. Él quería enseñar a sus hermanos a leer y a escribir. Así que dejó su pequeña localidad -con menos habitantes que el total de alumnos que asisten a Ayotzinapa- para irse a aprender sobre cómo educar en México.

Pudo haber elegido otros caminos, pero no quiso ser un rebelde sino un carpintero que crea cosas hermosas con las maderas de los árboles, y sobre todo maestro. Su revolución está en los talleres y las aulas.

A Mauricio le gustan la banda y el futbol, pero también la ética y las matemáticas, y pasar tiempo con sus primos y sus hermanos. Nació el 21 de mayo de 1996 y desapareció la noche del 26 de septiembre de 2014.

Desde que no está, su familia ha cruzado toda frontera posible para exigir justicia. Dejaron la tierra donde se habla Me’phaa (me-páah) y llegaron a donde se habla inglés y francés. La búsqueda de “Chicho”, como le dicen a Mauricio, y de los otros 42 ahora es su día a día pero también es su noche.

Cuando se mete el sol rezan por que donde quiera que esté, se encuentre a salvo y le desean el bien, incluso a quienes se lo llevaron; porque también esos policías y esos militares son producto de un país pobre y corrupto que despierta en medio de la oscuridad y que esta noche está unido porque tiene esperanza.

Texto perteneciente a la campaña Marchando con letras

Ilustración de Soledad Sebastián.

Tomada del portal #IlustradoresConAyotzinapa 

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